viernes, 22 de septiembre de 2006

La sinrazón eclipsa e inquieta el espíritu de algunos socialistas.




Aragón Liberal

22/09/06

Desde que Montilla sufrió el cambio de rumbo de ministro a edil, el delirio ofusca su entendimiento y le hace disentir políticamente con algún colega de filas como es el caso de Enrique Múgica, el actual Defensor del Pueblo.

Que una de las más altas instancias de nuestro Estado democrático, cuya función cardinal es la garantía de los derechos y libertades, como es el Defensor del Pueblo haya presentado el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto catalán, no le ha sentado nada bien a Montilla y quizá a más de un nostálgico militante del partido socialista en versión integrista.

Lo cierto es que Enrique Múgica, obligado a ser cautivo de su independencia política en el ejercicio de sus funciones y en orden a la aplicación de los principios rectores que informan su cargo, ha considerado oportuno que se anulen 112 artículos de los 223 que recoge el mencionado Estatuto.

Ante esta situación los partidos políticos a excepción del PP han criticado esta postura que tilda al Defensor del Pueblo de servir a los intereses de aquel partido en pago de ciertos presuntos favores, cuestión esta un tanto antagónica pues la militancia política de Enrique Múgica es de sesgo dispar. Pero Montilla aún va más lejos.

Al novel regidor de la ciudad de Barcelona le sorprende que Múgica vaya en contra de una norma que el pueblo “soberano” catalán ha votado voluntaria y legítimamente. Ve al mismo tiempo claras muestras de concordia con el PP, partido de oposición, ya que fue en su día el propio José María Aznar quien le designó para desempeñar dicho cargo por respeto a su trayectoria de jurista considerándolo idóneo para el puesto.

Desde este dislate alucinógeno en el que se atrinchera el alcalde Montilla, no cabe nada más que esperar a la vista de las próximas elecciones autonómicas y municipales que el único interés que persigue y del cual participa sea ganar como fuere las mismas con el fin de anclarse en el sillón del poder asegurándose de esta manera una futura pensión por jubilación sin importarle el futuro de Cataluña y mucho menos el deterioro de España.

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